Aunque el concepto puede tener connotaciones relativas a la rendición de cuentas y la transparencia, se considera importante analizar el concepto de forma integral. Desde el punto de vista sociológico el término de control social indica:

a) Que una persona en su acción está de hecho condicionada y limitada por los grupos, por las instituciones y por la sociedad entera de la que es miembro;
b) Que los procesos y mecanismos según los cuales tal condicionamiento se realiza (procesos de socialización, interiorización, influencia, etc) son ellos mismos determinados socialmente, y por lo tanto más o menos directamente encauzados hacia sistemas de intereses preexistentes o emergentes.

Un autor muy significativo en esta tradición de estudios es E. Durkheim, cuyo concepto de conciencia colectiva representa el conjunto de fuerzas sociales que obligan a los hombres de una sociedad a comportarse de determinadas maneras prescindiendo de sus propios intereses. En ausencia de una presión social específica —garantizada por instituciones como el matrimonio, la familia, los cultos religiosos, etc- los hombres se entregarían a la violencia y a la acción egoísta o a la desesperada acción frustrante.

Para desarrollar el control social, L. Pitts en 1968 definió los operadores, los cuales son modelos institucionales que:

  1. Previenen la configuración de tensiones que desembocarían en comportamientos desviados: desde los grupos “primarios”, entre ellos la familia en particular, hasta las distintas instituciones para el “tiempo libre”, las instituciones religiosas, etc;
  2. Refuerzan el deseo de conformarse, como los rituales que tienen el fin de consolidar los vínculos y las motivaciones de pertenencia;
  3. Aclaran y explicitan objetivos y comportamientos socialmente sancionados, como la elaboración de una ideología o de una “mística”.
  4. Abaten la desviación con sanciones negativas: el castigo a través del uso legal de la fuerza, la censura de comportamientos desviados, la discriminación, etc.
  5. El aislamiento de personas desviadas: los hospitales, las cárceles, las organizaciones de todo tipo que confinan grupos específicos de personas como los niños inválidos, los viejos, etc. (instituciones totales)

El control social no es otra cosa que un proceso a través del cual los grupos y las personas dominantes logran perseguir los objetivos y los intereses propios, sin consideración de lo que esto implica en realidad para los controlados.

Ante esta paradoja en los últimos años, y con el fortalecimiento progresivo de las acciones de la sociedad civil se ha posicionado el concepto de autorregulación. Mayntz comenta que la autorregulación delegada es una forma indirecta de cooperación entre el Estado y la sociedad civil, pero requiere un Estado suficientemente fuerte como para motivar una autorregulación que tome en cuenta los intereses públicos, y que no beneficie exclusivamente a los propios actores participantes. Valga destacar en esta propuesta el valor de la cooperación entre los agentes públicos y privados sobre la coerción, asignada tradicionalmente y de manera exclusiva al Estado.

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